Arte digital

La conversación sobre NFTs que no estamos teniendo

·2 min de lectura

Cuando digo que hago NFTs, ya sé lo que va a pasar...

Un silencio incómodo. Una mirada de "what?". Un cambio de tema sutil.

Trabajé años en agencias de distintos tamaños. Ayudé a formar profesionales más junior que yo. Tengo cierto nivel de credibilidad en el "mundo creativo tradicional". Y también hago colecciones NFT en Solana; construí mi propia plataforma para lanzarlas y venderlas. Y ya puedo decir que vivo con parte de eso.

Estar en ambos mundos me da un punto de vista que casi nadie tiene: la conversación sobre NFTs que necesitamos tener, no la estamos teniendo.

Sí, hay problemas reales en el espacio. Scams. Slop generativo. Especulación pura. He visto colegas perder dinero, colecciones que eran estafas disfrazadas, mercados que colapsaron.

Pero ayer, en pleno 2026, me clonaron una tarjeta de un banco tradicional de aquí. Un scam que les pasa a millones cada día. Y a nadie se le ocurre decirme: "cierra la cuenta, deja de usar tarjetas, todo el sistema es una estafa."

Descartar el ecosistema entero de arte digital por sus peores actores es como descartar toda la música por un género que consideres "malo". No es un argumento honesto.

Lo que casi nadie de ese "mundo creativo tradicional" escucha o quiere escuchar:

Soy diseñadora y artista dominicana. Sin galería en New York o París. Sin escuela de arte fancy. Sin red de coleccionistas heredada. Durante años, el arte tradicional me decía que si quería distribución, audiencia, vivir de esto, tenía que pedir permiso a estructuras que nunca fueron diseñadas para alguien como yo.

Cuando saqué mi primera colección NFT, se vendió a coleccionistas en países a los que nunca he ido. Sin galería intermediando. Sin curador validando. Sin nadie diciéndome que mi trabajo no es "digerible" o "lo suficientemente comercial". Solo yo, mi trabajo y una infraestructura que por primera vez me permite, como artista independiente, llegar a una audiencia global desde el Caribe.

Cuatro colecciones después, tengo control total. Decido qué creo, cuándo, a qué precio. Construyo una comunidad real. Todo en un espacio que el "mundo creativo mainstream" decidió descartar por completo.

Y hay algo que no vieron: el espacio cambió. Los días de las colecciones de 10,000 imágenes generadas se acabaron. Ya casi ni las de 2,000 funcionan. Lo que funciona son colecciones pequeñas. Con concepto. Con historia. Con algo real detrás. Hechas por una persona, no por un script, un prompt y ai.

No estoy aquí para endiosar el espacio. Tuvo su boom; puede volver a caer. Puede que dentro de un año esto ya no me sirva. No lo sé. Pero ahora mismo me está funcionando. Me deja ilustrar libremente lo que yo quiera, sin filtros ni permisos.

Aunque sea temporal, para artistas como yo, es la primera infraestructura de distribución que no requiere pedir permiso, sino amor por lo que haces.

Y esa es la conversación que me gustaría tener.

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